Por Leonardo Ganzburg. Disparos suenan en el barrio, son las seis de la tarde, niñes en las calles de tierra jugando, los cuetazos son parte de la rutina diaria.
Ya es de noche y los balazos se escuchan más seguidos, algunos de varios disparos y otros demasiados cerca. A pesar de eso el asentamiento es tranquilo. Un barrio popular con la mayoría de la gente laburante y uno que otro malviviente, pero como en todos lados.
Por su parte, la pobreza se palpa de cerca. Las ollas populares funcionan a diario. Los merenderos también colaboran en la lucha contra el hambre. Porque en mi barrio la necesidad se siente. Es en lugares como estos donde se magnifica la importancia de las organizaciones sociales. Ya qué por un lado generan empleo a les vecines a través de los planes y por el otro se organizan para alimentar a todes. Hay gente desempleada o con trabajos esclavos que se alimentan gracias a las organizaciones sociales.
Por lo tanto los planes sociales no son el problema, ni mucho menos los movimientos sociales. Estos son los que contienen donde el estado no está, son los que tratan de transformar la pobreza en dignidad.
Los culpables de la crisis son el gobierno que negocia con los grupos económicos concentrados y descuida a los demás sectores sociales. Estamos gobernados por el FMI con la autorización de una Ley, algo inaceptable, legalizaron una deuda ilegítima. Con ajustes cada vez más crueles nos aplasta la economía.
En ese sentido pareciera que le tienen miedo a qué el pobre se eduque, se forme y de batalla no solo en las calles, sino en la universidad, que transforme sus espacios y se vuelvan dirigentes. Por todo esto es momento de organizarse y salir a la calle para que la deuda la paguen los que la tomaron, para exigir que se vaya el FMI.

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